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Álava medieval

Álava medieval

En Álava se encuentran numerosas villas que conservan las murallas de épocas medievales marcadas por los enfrentamientos entre reinos y las pugnas entre nobles, además de palacios, iglesias y otras construcciones.

Primeras referencias al topónimo Álava

Las primeras referencias al topónimo Álava aparecen en la Crónica de Alfonso III, escrita a fines del siglo IX. Dichos textos cronísticos mencionan Álava al hablar de las campañas que Alfonso I de Asturias realizaba en el siglo VIII. Sin embargo, es probable que tal referencia identifique las tierras de la Llanada, al norte y este de Vitoria, a las que se irán sumando la tierra de Ayala, Treviño, la Rioja Alavesa y la zona al este del río Bayas.

 

Tierra de caminos y fronteras

Durante la alta y plena Edad Media, el territorio notará la influencia de las fuerzas políticas que van surgiendo en las regiones limítrofes, como son el reino astur, Navarra y Castilla.

El territorio alavés se libra de las repoblaciones encomendadas por Alfonso I en amplias zonas de influencia del reino astur. No se libra, en cambio, de numerosos ataques lanzados por los musulmanes que rápidamente se habían extendido por la península hasta llegar al norte. Protegida por fuertes castillos y torres señoriales, las tierras alavesas permanecen siempre controladas por condes locales, vinculados al reino astur. Desde principios del siglo X, estas tierras quedan definitivamente en la retaguardia de la frontera cristiano-musulmana, mientras se convierten en paso obligado de peregrinos jacobeos.

 

Entre Castilla y Navarra

A partir del siglo X son evidentes las influencias de Castilla y Navarra. La alternancia de condes con diferente orientación monárquica, hace que la balanza de la soberanía sobre el territorio alavés recaiga sobre uno u otro reino. Bajo el gobierno de Sancho VI de Navarra y con el fin de asegurar su defensa, se fundan una serie de villas entre las que destacan Laguardia, Vitoria, Antoñana, Bernedo y La Puebla de Arganzón.

Alfonso VIII de Castilla reacciona ante la presencia Navarra. Entre 1199 y 1200 y tras negociar con los nobles alaveses, descontentos con la política de los reyes navarros, se apodera de prácticamente toda la tierra alavesa, y supone la incorporación definitiva (salvo un breve paréntesis) de Álava a Castilla, a excepción del territorio dominado por la Cofradía de Arriaga.

 

Último reducto feudal de la nobleza alavesa

No toda Álava queda en manos del monarca castellano. Frente a un territorio dominado por villas con fueros otorgados por la Corona, la Cofradía de Arriaga es una comarca con una organización de base feudal, organizada en merindades y con señores con capacidad para ejercer acciones jurídicas. Ilustres apellidos de la nobleza alavesa como los Rojas, Mendoza o Ayala formaban parte de dicha organización, junto a nobles de menor rango y campesinos dependientes. Será en 1332 cuando la existencia de la Cofradía se autodisuelve entregando voluntariamente las tierras a Alfonso XI. Con este Pacto de Arriaga, Álava presenta su perfil territorial definitivo.